Si alguien realiza un mapa histórico en el que se identifiquen los procesos de desarrollo y crecimiento económico de los distintos pueblos o culturas, vería en el, la estrecha relación que existe entre ese desarrollo y la disponibilidad, manejo y dominio de la energía. Es más, si hoy miramos en un mapa los países desarrollados y las relaciones de poder de estos, podríamos afirmar que la geoestrategia mundial se configura a partir del acceso a la energía.
Es impensable que un país crezca sin recursos energéticos suficientes y desarrollo en las comunicaciones. Dos puntos en los que Argentina no invirtió de manera correcta a lo largo del siglo anterior y hoy a pesar de tener una excelente oportunidad por la coyuntura internacional de altos valores en los comodities, si no se invierte en esos dos puntos estratégicos, es posible que en lugar de encontrarnos ante un crecimiento sustentable, estemos ante una crisis recurrente.
Hablar de nuevas energías, implica numerosas alternativas que serían difíciles de abarcar en este trabajo. Si, necesariamente debemos considerar el actual mapa energético mundial, su desarrollo, el impacto del consumo de energías a base de carbono en el cambio climático, las posibilidades económicas de obtener energías alternativas sin producir grandes cambios estructurales en la economía mundial, las debilidades de Argentina en este tema, sus fortalezas y oportunidades.
Es poco probable que el mundo cambie de manera urgente su dependencia de los combustibles de carbono, ya que para eso, deberíamos cambiar absolutamente todos los comportamientos de consumo y civilidad que conocemos. Nuestros automóviles, desde su combustible, piezas, pintura, acabados interiores, los tintes de cabellos, esmaltes de uña, plásticos, sacarinas, electrodomésticos, globos, pelotas, juguetes, pastas dentales, bolígrafos teléfonos, tarjetas de crédito, pañales, entre miles de otros objetos que consideramos fundamentales para vivir, dejarían de formar parte de nuestra vida cotidiana.
Según Peter Odell , catedrático emérito de estudios sobre la energía de la Universidad Erasmo de Rotterdam, el mundo consumirá en este siglo un total de 1660 gigatoneladas (1660 x 109 toneladas) equivalentes de petróleo, de energía de carbono, contra un total de 500 gigatoneladas en el siglo anterior.
Por lo expresado, alcanzar el desarrollo de energías libres de carbono en este período es casi imposible con las actuales tecnologías, si consideramos la baja capacidad productiva de los sistemas de energías renovables. Por este motivo, el biodiesel, podría ser un paliativo en el proceso de reconversión energética mundial a lo largo de este siglo y una fuente de recursos que permita investigar y desarrollar energías más limpias.
En ese contexto, la Argentina todavía no decidió, como se va a posicionar, teniendo en cuenta, que es el mayor exportador de aceites vegetales del mundo, un gran productor de alcoholes y uno de los países con mayor extensión de áreas cultivables.
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