Hoy más que nunca el mundo se encuentra en un momento clave con respecto a la necesidad de energía, en función del crecimiento de la población y los cambios culturales sobre el estado de bienestar, que hacen necesario pensar en alternativas a los combustibles basados en el carbono, aportados a la humanidad por el viejo “Dios Sol”.
Sin embargo, la gestión en los procesos productivos, la logística de distribución, el interés de los capitales relacionados al negocio energético y la falta de rendimiento en algunas propuestas tecnológicas, hacen pensar, que deberemos transitar este siglo quemando carbono.
El biodiesel se presenta en este marco, como una alternativa coyuntural para el recambio del tipo de combustibles y esa propuesta lleva implícita una suma de cuestiones intermésticas, que preocupan por el impacto que podrían generar en el precio de los alimentos, la perdida de nutrientes en los suelos, erosión por sobre cultivo, entre otras problemáticas relacionadas al tema.
En función de estas ideas, los países hegemónicos en el concierto mundial, están moviendo sus piezas en el tablero geoestratégico, para posicionarse y defender la provisión de la sangre de sus economías, sin considerar para ello ningún tipo de derecho internacional.
Por caso, Estados Unidos no deja lugar a la ambigüedad y por medio de uno de sus más “pacíficos” presidentes, Jimmy Carter, en 1980 aclaró que EEUU utilizaría todos los medios, incluida la fuerza militar, para asegurar la no interrupción del flujo de petróleo, que hoy conocemos como “doctrina Carter” (discurso publicado en The New York Times- 24/01/1980).
George W. Bush, desde el principio de su gobierno, se mostró preocupado por el problema energético y por obtener mayores cantidades de energía que satisfagan la demanda creciente de su país, dando lugar a importantes implicaciones en la política exterior de EEUU.
En lo referente a biocombustibles, firmó acuerdos con Brasil a quien ve como un posible socio a futuro, en este tipo desarrollo , habida cuenta que el país vecino es uno de los mayores productores mundiales de soja y potencialmente podría posicionarse, como el mayor proveedor de biomasa para la elaboración de energía.
Ante esta problemática, Argentina, que es el mayor exportador mundial de aceites vegetales y posiblemente uno de los países con mayor potencial para el desarrollo de biomasa, no puede hacerse la distraída y debe actuar en función de ello, analizando la posición que tomará respecto del tema, generando políticas de estado para el mediano y largo plazo, que contemplen no solo la oportunidad económica, sino también la diversidad alimentaria, el costo de los alimentos y el impacto ambiental que ello generaría.
Por estos días el gobierno discute como llegar a fin de año con las cuentas acomodadas según su versión de la realidad y los hombres de campo protestan airadamente contra el guantazo de Cristina reclamando equidad, mientras que por otro lado echan bajo la alfombra la tierrita sucia del raleo mentiroso de los montes achaparrados de nuestras llanuras “centro norteñas”.
A nivel regional, es preocupante la posición de Brasil, que según las últimas noticias que nos llegan, su presidente parece haber decidido tomar control sobre el Amazonas no sólo en lo económico, sino también, y de manera preventiva, militarmente, ya que ante la hipótesis de invasión, de una “gran potencia extranjera”, envió a algunos de sus militares a entrenarse en Vietnam.
La discusión no es menor y todas las partes deberán aportar su mirada responsable, por lo que la necesidad de informar e informarnos sobre la temática, es imperiosa e inmediata, para no seguir chapuceando y poder darnos a todos la oportunidad del progreso, sin tener que por ello destruir el medio ambiente.
Eso solo es posible creando círculos virtuosos, serios y desprovistos de intereses particulares, fundados en el conocimiento, pero con una mirada integral que permita henchir la tierra y no hacerla estallar.
Autor:
Fabián Tavella
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